Design Thinking: Tendencia al alza

Design Thinking
Foto: Christin Klose/dpa

(dpa) – La digitalización del mundo laboral va sumando tendencias vinculadas a lo que se conoce como “New Work” (Nuevo Trabajo). Una de esas tendencias es el Design Thinking, que propone incorporar modos de pensar de algunos rubros o profesiones en otras áreas de trabajo con el objetivo de generar ideas creativas y productos innovadores.

¿Pero qué es lo que diferencia el modo de pensar de un diseñador? En la Escuela de Design Thinking del Instituto Hasse Plattner de Potsdam, Alemania, llevaron adelante una investigación sobre este interrogante. Su director, el profesor Uli Weinberg, explica su peculiaridad destacando dos ejes fundamentales: por un lado, los diseñadores siempre estuvieron enfocados en desarrollar productos y servicios poniendo el foco en sus usuarios, las personas.

En segundo lugar, los diseñadores trabajan desde siempre con prototipos y los ponen a prueba con los usuarios antes de continuar con el desarrollo, con lo cual su proceso de trabajo no es lineal sino que se da como una iteración. Los errores están permitidos e incluso pueden ayudar a llegar al objetivo buscado, ya que permiten detectar los puntos débiles estructurales y eliminarlos antes de pasar a la fase de producción. Además, al desarrollar soluciones no sólo se sirven del lenguaje y de los números, sino también de otras habilidades mentales.

Esos son los pilares sobre los que Weinberg construye el Design Thinking, y por eso es tan requerido por todos los que están trabajando en los cambios e interrogantes que genera la transformación digital. Para esas personas el Design Thinking plantea como primer paso la pregunta de cómo favorecer la creatividad y el trabajo en equipo en una empresa y cómo promover la importancia del éxito de un equipo más allá de los logros personales o individuales. Otro de los ejes centrales es la búsqueda de un camino que permita desarrollar productos que los usuarios realmente necesiten.

El Design Thinking en la práctica

Actualmente el Design Thinking se aplica en numerosas empresas y start-ups para resolver problemas complejos de un modo creativo. La entrenadora de gerencia Jessica Di Bella trabaja por ejemplo en este área en Berlín, donde ofrece workshops para acercarle técnicas de innovación a los sectores ejecutivos. “Es particularmente útil en empresas en las que no están tan habituados a las técnicas de gerencia modernas”, expresa.

Su propuesta se basa en diversas etapas. Empieza con un acercamiento a los usuarios para poder observar y entender sus problemas y necesidades. A partir de esas observaciones se plantean ideas y algunas de esas ideas, a su vez, servirán como base para desarrollar un prototipo que será puesto a prueba con los usuarios, que serán los que propongan mejoras para lograr el producto o el servicio ideal.

La inspiración se puede obtener de todas partes cuando uno asume una función de “creador” o, precisamente, de diseñador.

Di Bella no tiene ninguna crítica que hacerle al Design Thinking: no le ve ninguna desventaja. Sólo requiere un análisis de rentabilidad, advierte, ya que para el proceso propio de Design Thinking es necesario invertir tiempo y ciertos recursos. “Es necesario que exista un compromiso por parte de la gerencia y que la empresa ponga a disposición un equipo de entre cuatro y seis personas durante al menos dos días para poder trabajar bien”.

¿Es la solución universal a todos los problemas?

El Design Thinking no sólo tiene defensores. Existen algunos detractores, sobre todo entre los diseñadores, explica Tim Seitz, que trabaja en una universidad de Berlín y se dedicó a estudiar este proceso desde un punto de vista sociológico. Seitz asegura que el Design Thinking no se basa en el mismo proceso de pensamiento que el de los diseñadores.

El Design Thinking suele tener lugar en workshops claramente delimitados, y no todos los problemas se prestan para ser abordados de este modo, apunta el estudioso. La primera pregunta es si el área en el que uno trabaja realmente precisa de un proceso de innovación. Otro de los aspectos fundamentales es tener mucha claridad sobre el problema que se enfrenta, señala. De lo contrario, cualquier problema termina siendo simplificado hasta ser supuestamente solucionado.

No todos pueden trabajar de un modo creativo

El Design Thinking promete una cultura de trabajo creativa, lúdica y sin jerarquías, pero uno no puede esperar que de pronto todos trabajen de un modo creativo. Pese a estas observaciones, Seitz considera que lo que se plantea y debate actualmente como “Nuevo Trabajo” se está haciendo “en parte realidad” en el Design Thinking.

¿Será una moda de vida corta? No parece. “Hace bastante que está en el mercado”, dice Di Bella aludiendo a la fundación de la escuela de Stanford en 2004, donde el Design Thinking adquirió estatus de ciencia después de haberse gestado en los departamentos de diseño de las agencias norteamericanas y haber sido incorporado en el mundo de los negocios en los años 90.

Para el profesor Weinberg el Design Thinking representa un gran cambio de cultura y de conciencia. Es más, cree que la School of Design Thinking representa un prototipo para el nuevo horizonte de educación del siglo XXI.

Por Frederic Vosseberg (dpa)