El año 2025 fue uno de los más secos para los ríos de todo el mundo desde 1991, además los glaciares de agua superficiales han disminuido en el último decenio y los glaciares han cumplido un cuatrienio con pérdida de masa generalizada.

Esas son algunas de las principales conclusiones de la quinta edición anual del informe ‘Estado de los recursos hídricos mundiales’, elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) – agencia de la ONU especializada en el tiempo, el clima y el agua- y dado a conocer este jueves.
Ese informe ofrece una evaluación exhaustiva y basada en datos científicos del conjunto del ciclo del agua (en especial de los caudales fluviales, las aguas subterráneas, la evapotranspiración, el almacenamiento de agua continental y la nieve y el hielo) y se consideran también los episodios de fuerte impacto.
En cuanto a caudales fluviales, el año pasado fue uno de los más secos desde 1991 a escala mundial, dado que fueron inferiores a lo normal en más del 36% de la superficie del conjunto de cuencas hidrográficas del planeta, mientras que un 21% tuvieron más agua que de costumbre, de manera que más de la mitad experimentaron desviaciones de las condiciones normales de descarga hídrica.
Esa conclusión se basa en datos de simulaciones efectuadas mediante 13 modelos hidrológicos mundiales alimentados con observaciones meteorológicas.
“ERRÁTICO E IPREDECIBLE”
El informe muestra que el ciclo del agua es ahora “más errático e impredecible”, dado que alterna entre períodos de escasez y de exceso. Por séptimo año consecutivo, el número de cuencas hidrográficas con condiciones ‘normales’ fue claramente minoritario al oscilar entre un 34% y un 38%, frente a la media de un 46% entre 1991 y 2020.
El almacenamiento de agua continental (la cantidad total de agua acumulada en las aguas subterráneas, los lagos y los ríos, la humedad del suelo, la vegetación, y el hielo y la nieve) no ha dejado de disminuir desde mediados de la década de 2010.
Además, 2025 fue el cuarto año consecutivo en el que los glaciares se redujeron de forma generalizada en todas las regiones, lo que provocó peligros a corto plazo, como crecidas, e inseguridad hídrica a largo plazo.
Entre 2023 y 2025, los glaciares perdieron masa en cada año analizado, y la pérdida acumulada de masa glaciar a escala mundial fue de 1.400 gigatoneladas de agua. Con ese volumen podrían llenarse 560 millones de piscinas olímpicas o se podría realizar cerca de una tercera parte de las extracciones anuales de agua dulce.
En conjunto, en Asia y África se concentraron al menos la mitad de todos los episodios extremos relacionados con el agua que se registraron, y más del 80% de las víctimas mortales asociadas notificadas en los últimos cinco años, según datos del informe.
DÉFICIT
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, explica que algunas partes del ciclo del agua son “rápidas” (como las precipitaciones, el caudal de los ríos o la humedad del suelo) y reaccionan a las condiciones meteorológicas “en cuestión de días o semanas”.
En cambio, otras evolucionan con lentitud (como las aguas subterráneas, los glaciares y el manto nivoso estacional) y tienen que pasar periodos estacionales o decenales para que su volumen aumente o disminuya.
“Estas reservas de acumulación lenta han funcionado tradicionalmente como la ‘cuenta de ahorros’ del planeta: un recurso que permitía sobrellevar los años malos, de modo que un episodio de sequía o una estación seca no se tradujera directamente en una crisis hídrica», explica.
A este respecto, añade: «Estamos agotando esa cuenta de ahorros. Las reservas mundiales de agua continental no han dejado de disminuir desde 2014-2016, una tendencia que persiste desde hace ya un decenio”.
“Por cuarto año consecutivo, las principales regiones glaciares de la Tierra perdieron masa de hielo. Asimismo, las aguas subterráneas siguieron una tendencia similar: prácticamente dos tercios de los pozos monitoreados en todo el mundo mostraron en 2025 niveles alejados de los valores históricamente normales. Y en comparación con 2024, la balanza se decantó aún más hacia el déficit, no hacia la recuperación», afirmó Celeste Saulo.
«Al mismo tiempo, se observan más desastres relacionados con el agua. El fortalecimiento del episodio de El Niño agravará el riesgo de sequía en algunas zonas y de inundaciones en otras», señaló.
Saulo subrayó: «El agua no entiende de fronteras. El balance hídrico de una cuenca fluvial depende de lo que ocurra en otros países. El retroceso de un glaciar en un país altera la disponibilidad de agua para poblaciones situadas a cientos de kilómetros río abajo”.