Luis Enrique se entrega entrenando. Es su triunfo. Les decía a todos, incluidas las estrellas, cara a cara: “Estás jugando fatal”, “tu rendimiento se puede mejorar”, y te digo esto porque lo puedes hacer mucho mejor. Él sabía que el jugador podía rendir más. El míster es un atleta y entrenó siempre alcanzando un nivel físico, fisiológico y mental impresionante. Sabe la cantidad de carga de entrenamiento que soportaba cada día —porque entrenó para saberlo— y por esto intenta que el jugador esté mentalmente preparado para entrenar mejor.

La mentalidad que cambia equipos
Es una gran victoria lo que está diciendo Luis Enrique: “Ahora mis jugadores no se cansan de entrenar”. No es tópico escuchar esta frase a ningún entrenador. Añade: “Les tengo que parar”. Es así, porque la realidad es: dime cómo entrenas y te diré cómo juegas. Claro, si tienes fuerza mental, la motivación es infinita. Dura hasta el pitido final de cada partido. Nunca estás derrotado, aunque vayas perdiendo, porque piensas que vas a superar al adversario.
Llegó Luis Enrique y escogió una plantilla que toma una pastilla que dice “quiero entrenar”. Desde el primero al último, incluido Dembélé, a quien le inculcó que, para ser el mejor, tenía que entrenar como el que más y ser un profesional íntegro con la puntualidad y la disciplina fuera de los entrenamientos. Logró que se motivara y así ser Balón de Oro con 27 años y camino del segundo. Pero el gran jugador francés, por su humildad, es uno más de la plantilla, porque todos tienen mentalidad de defender para el equipo. Todos corren como galgos y, cuando tienen el balón, con personalidad de vencedores van a por la victoria. Incluso el portugués Vitinha, despreciado en su tiempo por ser delgado… vaya talento de jugador. Todos, sin estrellas, han hecho un bloque. Un verdadero equipo de conjunto.
Dos Champions y un liderazgo indiscutible
Dos Champions seguidas, ganadas merecidamente y siempre venciendo a los rivales más difíciles. Dos finales ganadas: contra el Inter por goleada y contra el Arsenal de Arteta, campeón de la Premier, que queda subcampeón sin perder ningún partido. De quince ganó once y empató cuatro. Solo perdió la final, a penaltis, contra el PSG del gran Luis Enrique.
Esto es otro tanto de Luis Enrique, que a pesar de ir perdiendo, empató con gol del gran Dembélé y es campeón derrotando al imbatido Arsenal, que perdió a los penaltis.
Luis Enrique está más que eufórico y los seguidores del PSG no se lo creen. Ayer paró el tenis de Roland Garros para festejar la gran victoria, cuando el equipo quedó campeón. ¡Qué grandeza!
Luis Enrique. Otro año más, el mejor entrenador del mundo de clubs. Se lo merece.
Entrenador Nacional de Fútbol