Contar con más hermanos facilita el duelo por la pérdida de un progenitor en la mediana edad, según un estudio, un efecto que se acentúa especialmente en el caso de la muerte de la madre.

Tras la muerte de uno de los padres, las personas con más hermanos, especialmente las mujeres, compran menos medicamentos para la salud mental. Así se desprende de un estudio realizado por siete investigadores de instituciones de Alemania y Finlandia, y publicado este miércoles en la revista ‘Journal of Epidemiology & Community Health’.
La muerte del padre o la madre es traumática para los niños pequeños y los adolescentes, pero hay poca evidencia sobre el impacto emocional en los adultos, a pesar de que la mediana edad o la vejez suelen ser etapas en las que las personas tienen que afrontar esta situación.
Si bien diversos factores pueden influir en el proceso de duelo y su efecto en la salud mental, se sabe poco sobre el impacto potencial de afrontar la muerte de un padre junto con los hermanos en la mediana edad.
Para esclarecer este tema, los investigadores analizaron los patrones de compra de medicamentos psicotrópicos (antidepresivos, ansiolíticos, sedantes y somníferos) durante los tres años anteriores y los tres años posteriores al fallecimiento de un progenitor en residentes finlandeses de entre 35 y 55 años entre 2006 y 2016, utilizando datos de registros nacionales.
El análisis final incluyó a 1.368.619 personas con cero a tres hermanos, de las cuales un 12,5% había experimentado la muerte de su madre, y a 1.041.981 personas, de las cuales un 23% había sufrido la pérdida de su padre.
En general, tener menos hermanos se asociaba con una mayor probabilidad de adquirir medicamentos para la salud mental. Entre quienes sufrían la muerte de uno de sus padres, estas compras aumentaban el año anterior al fallecimiento y alcanzaban su punto máximo al año siguiente.
PREVALENCIA
La prevalencia anual de compras de medicamentos para la salud mental osciló entre un 12 % y un 21 %, y aumentó con el tiempo en todos los grupos. Sin embargo, los incrementos más pronunciados se registraron entre quienes habían perdido a su madre y quienes tenían menos hermanos.
Cuantos menos hermanos tenga una persona, mayor será la probabilidad de que compre medicamentos para la salud mental, especialmente en el año posterior a la muerte de su madre, según el estudio
La prevalencia del uso de medicamentos fue mayor en las mujeres tras la muerte de su madre, y ser hija única se asoció con una diferencia de 6,8 puntos porcentuales entre quienes habían experimentado esta situación y quienes no.
De manera similar, la diferencia en puntos porcentuales fue de 6,1 entre las mujeres con un hermano, de 4,7 entre las que tenían dos y de 3,9 entre las que tenían tres hermanos, aunque estas diferencias según el tamaño de la familia se atenuaron en gran medida más de un año después de la muerte de la madre.
Los patrones de compra fueron diferentes tras el fallecimiento del padre; sin embargo, la probabilidad de adquirir medicamentos solo aumentó durante el año siguiente. Este incremento fue generalmente menor que el observado tras el fallecimiento de la madre y similar independientemente del número de hermanos.
Las compras de medicamentos para la salud mental también variaron según la causa de la muerte: las de los padres debido a la demencia se asociaron con un mayor número de compras durante todo el periodo de estudio, independientemente del tamaño de la familia.
DIFERENCIAS
Sin embargo, las diferencias más notables según el tamaño de la familia se observaron en las muertes maternas por cáncer, donde la adquisición de medicinas para la salud mental subió considerablemente el año anterior, sobre todo entre quienes tenían menos hermanos.
Los investigadores indican que el apoyo emocional y práctico y el cuidado compartido que los hermanos pueden brindar antes y después de la muerte de un padre podría mitigar las repercusiones emocionales.
Del mismo modo, el apego a los padres podría ser más fuerte en familias más pequeñas, lo que podría provocar una respuesta emocional más intensa cuando fallece uno de los padres.
“Teniendo en cuenta la reducción de las redes de parentesco en muchas sociedades que envejecen, los niños pueden sufrir una presión cada vez mayor a medida que sus padres se acercan al final de sus vidas”, concluyen.