En un año marcado por el debate sobre inflación, tipos de interés y crecimiento, las cuentas públicas de Estados Unidos vuelven a ocupar un lugar central en el análisis macroeconómico.
En sus informes, Adolfo del Cueto Aramburu, fundador y CEO de Bulltick, alerta de que el gran riesgo “silencioso” para el ciclo económico no está necesariamente en una recesión inminente. Está en la normalización de déficits elevados durante más tiempo del previsto, con implicaciones sobre financiación, confianza y coste del capital.
“El déficit se está convirtiendo en un elemento estructural del paisaje fiscal estadounidense. No hablamos de dramatizar, pero sí de reconocer que vivir con un desequilibrio persistente reduce el margen de maniobra y puede elevar la sensibilidad de los mercados a cualquier sorpresa”, explica del Cueto.
Del déficit “normal” al déficit estructural alto
Durante años, el déficit presupuestario de EE. UU. se interpretó como una variable relativamente manejable dentro de los ciclos económicos. Sin embargo, el escenario de 2026 plantea un punto de inflexión: no se trata de algo causado por un shock puntual, sino de un desequilibrio que tiende a mantenerse incluso en condiciones de crecimiento y empleo razonables.
Pre-pandemia: 3,0%–4,5%
En la etapa previa a la pandemia, el déficit se movía en rangos más “habituales” para una economía desarrollada, en torno al 3–4,5% del PIB, con oscilaciones ligadas al ciclo y a decisiones de política fiscal. Ese umbral permitía absorber incrementos temporales sin alterar de forma severa el coste de financiación.
Proyección: alrededor de 6,5%
El cambio clave es que, hacia la segunda mitad de esta década, distintos escenarios fiscales sitúan el déficit en el entorno del 6–6,5% del PIB, una cifra que ya no puede considerarse excepcional, sino potencialmente estructural. Por ejemplo, los análisis de sostenibilidad fiscal a 10 años han contemplado valores que pueden escalar hacia esas magnitudes en el horizonte de proyección.
De hecho, organismos y centros de análisis han advertido que el saldo fiscal se mantendría elevado por la combinación de gasto obligatorio creciente (envejecimiento, sanidad), mayor carga por intereses y tensiones políticas para ajustar ingresos o partidas sensibles.
Por qué importa aunque no haya crisis
Una de las particularidades del déficit como riesgo macro es que no necesita una crisis para generar efectos. Puede ser gradual, casi imperceptible al principio, pero con impacto acumulativo en el funcionamiento del mercado y en la capacidad de respuesta del Estado.
Confianza, financiación y margen de maniobra
El déficit sostenido ejerce presión sobre la financiación pública, porque implica mayores necesidades de emisión y refinanciación.
A medida que el volumen de deuda aumenta, el sistema se vuelve más dependiente de que los inversores mantengan la confianza en la trayectoria fiscal. Esa confianza no suele romperse de un día para otro, pero puede deteriorarse en forma de primas de riesgo, exigencia de rentabilidad superior o menor apetito por duración.
“Cuando el mercado percibe que el déficit no es un puente temporal, sino una autopista permanente, empieza a pedir más rentabilidad por el riesgo de largo plazo”, señala del Cueto.
Riesgo de largo plazo
Más allá de 2026, el debate fiscal se amplía: el déficit no solo es “cuánto” se gasta, sino qué flexibilidad queda para responder ante shocks futuros. Investigaciones académicas han cuantificado incluso el “gap fiscal”, es decir, el ajuste permanente necesario para estabilizar la deuda respecto al PIB bajo ciertas metas de sostenibilidad.
En términos sencillos: cuanto más se normaliza un valor alto, más difícil se vuelve reducirlo sin frenar el crecimiento, y más relevante es el papel de los tipos de interés en la dinámica de deuda.
Consecuencias sobre mercados y tipos
La política fiscal y la monetaria operan de forma distinta, pero sus efectos se cruzan en el mismo punto: el coste del dinero. Y en un mundo donde la deuda es grande, el precio de financiarla se vuelve decisivo.
Cómo puede influir en expectativas
Un déficit persistente puede afectar a las expectativas de inflación y tipos por varias vías: mayor emisión de bonos, sensibilidad del mercado a la sostenibilidad de la deuda y dudas sobre si, en el futuro, la política fiscal podría empujar a un entorno de tipos reales más altos.
En paralelo, el crecimiento del gasto en intereses se vuelve un factor macro de primer nivel, porque compite con otras partidas y alimenta un círculo complejo: más deuda → más intereses → más presión presupuestaria.
El coste de “vivir con déficit”
Vivir con esta cuestión no significa necesariamente crisis, pero sí puede implicar un peaje financiero continuo: mayor coste de capital para empresas, tipos más altos de lo esperado en el tramo largo y más volatilidad en los activos sensibles a la duración.
Algunos analistas presupuestarios han advertido además de que el volumen de déficits proyectados puede ser mayor que lo previsto previamente por cambios legislativos y escenarios de política pública.
Qué deberían hacer empresas e inversores
En este contexto, la cuestión no es “apostar” a un desenlace extremo, sino incorporar el riesgo fiscal como variable estratégica. En el mismo informe, Bulltick subraya que la lectura adecuada es de medio plazo: ajustar planes y carteras para convivir con escenarios verosímiles.
Estrategias con escenarios
Del Cueto Aramburu recomienda trabajar con escenarios y no con una única narrativa:
- Escenario base (déficit alto pero estable): el mercado lo descuenta y el ajuste ocurre por precio (rentabilidades algo más elevadas) y por rotación hacia activos con menor sensibilidad a tipos.
- Escenario de estrés moderado: repunte de rentabilidades largas, ampliación de spreads y castigo a sectores altamente apalancados o intensivos en financiación.
- Escenario de ajuste fiscal: medidas graduales que impacten en demanda agregada, con efectos desiguales por sectores.
“Gestionar riesgo fiscal no es ser pesimista: es ser realista. Y el realismo, en finanzas, se traduce en diversificación, liquidez suficiente y planificación”, añade.
Prudencia sin parálisis
El mensaje de fondo no es frenar decisiones, sino evitar una falsa sensación de normalidad permanente. En la práctica, Bulltick sugiere:
- Revisar exposición a tipos (duración y sensibilidad del balance).
- Simular estrés de financiación: qué pasa si el coste de deuda sube 100–200 puntos básicos.
- Priorizar calidad en crédito corporativo y estructuras de capital resistentes.
- Mantener flexibilidad: liquidez y capacidad de aprovechar oportunidades en volatilidad.
Bulltick y su visión de asesoría financiera
Bulltick es una firma internacional de servicios financieros y patrimoniales, con foco en clientes privados e institucionales, particularmente en América Latina. La compañía opera en EE. UU. como broker-dealer registrado en la SEC, y es miembro de FINRA, NFA y SIPC.
Adolfo del Cueto es fundador y CEO de Bulltick. Cuenta con una larga trayectoria centrada en estrategia financiera, inversión y reestructuración de activos, y una visión basada en el largo plazo y la gestión disciplinada del riesgo.