La seguridad digital comienza con algo tan simple como utilizar contraseñas seguras. Sin embargo, muchas personas siguen utilizando combinaciones débiles, fáciles de recordar pero también fáciles de descifrar. Contraseñas como «123456», «password» o el nombre de una mascota seguido del año de nacimiento aparecen año tras año en las listas de contraseñas más utilizadas y, por tanto, más vulnerables. En un mundo donde la mayoría de aspectos de la vida cotidiana están conectados a internet, proteger adecuadamente las cuentas online no es un capricho técnico, es una necesidad básica.

Por qué las contraseñas débiles son un problema
Una contraseña débil es una puerta abierta para cualquiera con conocimientos básicos de informática. Los programas diseñados para descifrar contraseñas pueden probar millones de combinaciones en cuestión de minutos. Si la contraseña es corta, predecible o está basada en información personal fácilmente accesible, la cuenta puede ser comprometida con relativa facilidad.
Las consecuencias de que alguien acceda a una cuenta pueden ser graves. En el caso de cuentas bancarias o de pago, el riesgo económico es evidente. Pero incluso cuentas aparentemente menos importantes, como el correo electrónico o las redes sociales, pueden utilizarse para suplantar identidad, acceder a otras cuentas mediante recuperación de contraseñas, enviar mensajes fraudulentos a contactos o robar información personal sensible.
Además, muchas personas utilizan la misma contraseña para múltiples servicios. Si esa contraseña se filtra en una brecha de seguridad de una empresa, todas las demás cuentas que utilicen esa misma contraseña quedan expuestas. Las filtraciones de datos ocurren con más frecuencia de lo que se cree, y millones de contraseñas circulan por foros clandestinos en internet.
Cómo crear contraseñas seguras
Una contraseña segura debe cumplir varios requisitos básicos. En primer lugar, longitud. Una contraseña de al menos doce caracteres es mucho más difícil de descifrar que una de seis u ocho. En segundo lugar, complejidad. Combinar letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos aumenta exponencialmente las posibles combinaciones, dificultando los ataques de fuerza bruta.
Evitar información personal es fundamental. Nombres de familiares, fechas de nacimiento, equipos de fútbol o nombres de mascotas son predecibles. Tampoco conviene utilizar palabras completas del diccionario, ya que los programas de descifrado prueban palabras comunes antes que combinaciones aleatorias.
Una técnica útil es crear frases largas que solo tengan sentido para quien las crea. Por ejemplo, convertir una frase memorable en una contraseña utilizando las iniciales de cada palabra, intercalando números y símbolos. Otra opción es utilizar combinaciones aleatorias generadas por gestores de contraseñas, que crean cadenas de caracteres imposibles de recordar pero extremadamente seguras.
Lo más importante es no reutilizar contraseñas. Cada cuenta debe tener su propia contraseña única. Esto complica la gestión, pero existen soluciones para ello.
Gestores de contraseñas
Recordar decenas de contraseñas diferentes y complejas es prácticamente imposible para la mayoría de personas. Aquí es donde los gestores de contraseñas resultan útiles. Estas herramientas almacenan todas las contraseñas en un archivo cifrado, protegido por una contraseña maestra. Solo hace falta recordar esa contraseña maestra para acceder al resto.
Los gestores de contraseñas también pueden generar contraseñas aleatorias y seguras automáticamente, rellenar formularios de inicio de sesión y alertar cuando una contraseña ha sido comprometida en alguna filtración conocida. Muchos navegadores modernos incluyen gestores básicos integrados, aunque existen opciones más completas y especializadas disponibles.
La clave está en elegir un gestor de confianza, crear una contraseña maestra robusta y activar medidas de seguridad adicionales como la autenticación en dos pasos.
Autenticación en dos pasos
Además de una contraseña segura, activar la autenticación en dos pasos añade una capa extra de protección. Este sistema requiere no solo la contraseña, sino también un segundo factor de verificación: un código enviado al móvil, una aplicación de autenticación o incluso datos biométricos como la huella dactilar.
Aunque puede parecer un paso adicional molesto, la autenticación en dos pasos dificulta enormemente el acceso no autorizado. Incluso si alguien consigue la contraseña, no podrá acceder a la cuenta sin el segundo factor de verificación.
Proteger las cuentas online no requiere conocimientos técnicos avanzados. Basta con aplicar unas pautas básicas: contraseñas largas y complejas, únicas para cada servicio, gestionadas mediante herramientas adecuadas y reforzadas con autenticación en dos pasos. En 2026, con la cantidad de información personal y financiera que circula por internet, dedicar unos minutos a asegurar las cuentas digitales es una inversión en tranquilidad y seguridad.