La actividad ballenera comercial comenzó a finales del siglo XVIII en zonas con menos hielo y terminó extendiéndose al interior del océano Ártico un siglo después.

Esa es la conclusión de un estudio que reconstruye la distribución espacial de esa actividad a partir de los cuadernos de bitácora hallados en algunos barcos.
El estudio, realizado por investigadores de instituciones de Australia, Canadá, China, Dinamarca y Noruega, y publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, indica que las ballenas boreales (‘Balaena mysticetus’) estuvieron a punto de extinguirse por la caza comercial en el Ártico. Sin embargo, la huella espacial y temporal de la caza histórica de ballenas no estaba clara.
Nicholas Freymueller y Damien Fordham, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), y sus colegas analizaron cuadernos de bitácora y diarios de balleneros para reconstruir la ubicación diaria de 709 viajes, en su mayoría británicos y estadounidenses, a través del océano Ártico desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XX.
La comparación con reconstrucciones de la extensión histórica del hielo marino mostró que los movimientos y el éxito de la caza de los balleneros estaban limitados por la cobertura de hielo marino.
PUNTOS CRÍTICOS
Los puntos críticos de caza se concentraron inicialmente en lugares con relativamente menos hielo marino y de fácil acceso. Con el tiempo, la caza de ballenas se extendió hacia el interior del océano Ártico. En un siglo, los balleneros llegaron a todos los hábitats de ballenas boreales, excepto a los más remotos.
Los autores identificaron las zonas de refugio para las ballenas boreales, señalando hábitats altamente favorables que estaban protegidos de los balleneros por las peligrosas condiciones del hielo marino. Sugieren que las barreras históricas del hielo marino impidieron el colapso total de la población de ballenas boreales.
Las poblaciones modernas de ballenas boreales se están recuperando rápidamente en regiones con extensos hábitats que antes las protegían, lo que indica que la caza de ballenas histórica sigue influyendo en los patrones de recuperación.
En 1986 entró en vigor una moratoria de la Comisión Ballenera Internacional para prohibir la caza de ballenas con fines comerciales. Sin embargo, ha habido algunas excepciones, pues esa actividad ha venido realizándose en Japón, Noruega e Islandia.