El primer atlas del petróleo y el gas en el Ártico muestra que la explotación de combustibles fósiles afectaría a pueblos indígenas y áreas ecológicas clave de la región.

El primer atlas del petróleo y el gas en el Ártico revela que extraer esos combustibles fósiles coincidiría significativamente con tierras de pueblos indígenas, zonas ecológicamente sensibles y áreas de distribución de especies clave en esa región del planeta.
Esas coincidencias respaldan los llamamientos de algunos científicos para mantener los combustibles fósiles del Ártico bajo tierra, según un estudio realizado por siete investigadores pertenecientes a instituciones de Alemania o Italia y publicado en la revista ‘PLOS One’.
El atlas del petróleo y el gas del Ártico revela áreas de tensión social y ecológica actuales y potenciales, apunta el estudio, liderado por Daniele Codato, de la Universidad de Padua (Italia).
El Ártico es una zona crítica para el desarrollo de combustibles fósiles y el impacto del cambio climático. Durante mucho tiempo se la ha descrito como una región con abundantes recursos de petróleo y gas aún por descubrir, mientras que se calienta a un ritmo casi cuatro veces superior al promedio mundial.
Reducir estos impactos requiere una evaluación exhaustiva de estos factores y su relación con las comunidades humanas y de vida silvestre locales, así como con los ecosistemas. En el nuevo estudio, los investigadores recopilaron información de diversas bases de datos de acceso abierto para crear el primer atlas de petróleo y gas del Ártico.
MÁS DE 512.000 KM2
Los datos revelan más de 512.000 kilómetros cuadrados de territorio ártico explotado, una superficie equivalente a la de España o Tailandia.
Más de un 7% de esta área se superpone con regiones ecológicamente protegidas y más de un 13% coincide con las áreas de distribución de las tres especies árticas clave consideradas en el estudio: osos polares, colimbos piquigualdos y caribúes. Además, el 73% del territorio explotado se superpone con tierras de pueblos indígenas.
Estas superposiciones ponen de manifiesto numerosas áreas de posible alteración ecológica y tensión social, especialmente en regiones altamente explotadas como la vertiente norte de Alaska y la península de Yamal en Rusia.
Los autores sugieren que estos datos respaldan las recientes propuestas para declarar el Ártico como Zona de No Proliferación de Combustibles Fósiles y que las futuras decisiones sobre la extracción de combustibles fósiles en el Ártico deben centrarse en la inclusión de las perspectivas indígenas y la protección de los ecosistemas regionales.
INTERROGANTES
Asimismo, señalan que los estudios futuros deberían incluir datos y análisis a una escala más detallada sobre regiones de interés como Alberta y Alaska, así como datos sobre especies de especial importancia para el sustento de los pueblos indígenas.
“Nuestro atlas revela la magnitud del desarrollo de petróleo y gas en el Ártico: más de 500.000 kilómetros cuadrados ya están cubiertos por licencias, una superficie comparable a la de España. Identificamos más de 44.000 pozos, casi 40.000 kilómetros de oleoductos y gasoductos, y cerca de 2 millones de kilómetros de líneas sísmicas en todo el Ártico”, indican los autores.
Los investigadores añaden que, “además, más del 73% de las concesiones de petróleo y gas en el Ártico se superponen con tierras de pueblos indígenas, lo que plantea interrogantes cruciales sobre la justicia espacial y la gobernanza”.
Identificar dónde la extracción de petróleo y gas coincide con las prioridades ecológicas y culturales ayuda a definir no solo cuándo, sino también dónde deben permanecer los combustibles fósiles bajo tierra. Si se quieren alcanzar los objetivos climáticos, el Ártico podría ser una de las regiones donde los combustibles fósiles deberían permanecer en el subsuelo.
“Un reto recurrente en nuestra investigación es la falta de datos accesibles e integrados sobre la industria del petróleo y el gas. En el Ártico, la información sobre petróleo y gas está muy fragmentada, por lo que uno de nuestros principales objetivos fue sistematizar estas fuentes dispersas en una única herramienta abierta que pueda servir de apoyo a futuras investigaciones y a la toma de decisiones”, concluyen los autores.